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Medicina mexicana, galenos del tercer mundo.

Pocas veces me tomo el tiempo de escribir mi opinión con relación a cualquier tema, al menos por este medio. En junio del 2014 en Guadalajara ocurrió algo similar relacionado con la supuesta negligencia médica penalmente perseguida como homicidio doloso en el estado de Oaxaca.

Dieciséis médicos fueron denunciados bajo el cargo de homicidio culposo por impericia, negligencia y omisión por la muerte de un paciente masculino de 15 años. La comunidad médica nacional se paralizó, indignados por la criminalización de nuestros colegas, se hicieron marchas, se trabajó bajo protesta, estallaron las redes sociales con el movimiento #YoSoy17 y después de un par de semanas, las cosas volvieron a ser como antes. 

Los médicos siguieron trabajando en la precariedad del sistema de salud independientemente de su jerarquía. Los internos siguieron aprendiendo a hacer inmovilizaciones con tablas y vendas, porque no había ni yesos ni férulas, haciendo malabares con los pocos medicamentos que hay con la finalidad de que todos los pacientes tuvieran tratamientos completos, aprendiéndose las segundas y terceras líneas de fármacos porque, obviamente nunca hay los prescritos en las primeras líneas de farmacología.

Los pasantes siguieron ejerciendo como secretarios, estadígrafos, epidemiólogos, enfermeros y con suerte, médicos, en alguna comunidad rural lejana a la seguridad, donde el narco gobierna a diestra y siniestra, sin medicamentos, sin material de curación, sin los insumos básicos para atender un parto, sin nada más que un SIS (subsistema de prestación de servicios) que sí o sí tiene que estar en forma cada mes, sin nada más que cientos de detecciones sin sentido porque tienes metas que cumplir, las cuales no tendrán seguimiento alguno.

Los residentes siguieron poniendo de sus bolsillos para cubrir medicamentos básicos para sus pacientes, haciendo faenas entre su preparación y el bienestar del derechohabiente, cubriendo turnos extras porque no hay nadie más en el servicio y la sala no se puede quedar sola. Tratando de convencer a los internos o estudiantes que los ayuden porque no se dan abasto con los mares de pacientes que ingresan cada día a las instituciones públicas, a pesar de que no hay los recursos para atenderlos. 

Los médicos de base siguen atendiendo en la madrugada, sean instituciones públicas o privadas, si los residentes no pueden solucionarlo, el médico va, sin importarle nada más que la vida que está en riesgo, sacrificando a su familia, su salud y su bienestar por la salud ajena, posponiendo sus propios padecimientos, porque siempre hay una cirugía más, un paciente más, un procedimiento más, antes que la salud del galeno.

Abril del 2018, al Dr. Luis le tocó ser el número 17 no en una marcha, no en una protesta, no en una red social. Al Dr. Luis le tocó vivir en carne propia la criminalización del médico, y ahora él que es el décimo séptimo le siguió la Dra. Gabriela, se amparó, pero ella fue la siguiente, ella fue la número 18. Han pasado cuatro años y la criminalización sigue igual, mientras que cada año la salud sufre más recortes, más desabasto. Y al final, ¿quién es el verdadero culpable? 

Los políticos por modificar constantemente las leyes, por obligar al médico a actuar ante las urgencias aunque no tenga el material ni las instalaciones, porque si lo atiendes y se muere, te vas a la cárcel, porque si no lo atiendes te vas a la cárcel, pero si lo atiendes y sobrevive con secuelas o complicaciones, de igual manera se le acusa al médico de mala praxis.

El político es culpable por  hacer recortes presupuestales en el rubro de salud, por no garantizar lo básico para atender a la población, por crear programas de salud basados en la desinformación, por no hacer responsable al paciente de su propia salud, por enseñarles que el paciente siempre tiene la razón. 

Es culpa también de los médicos, que en la desesperación laboral desprestigian a otros médicos, “señora, no vaya con ese doctor, él no sabe”, “¿quién le recetó esto?”, “esto ni le va a servir, ya no vaya con él”. Es culpa del médico por prostituir y malbaratar tan bella y complicada profesión, por dar una consulta en 30 pesos o peor aún, orientación médica gratuita, por aceptar que el paciente regateé aún en procedimientos quirúrgicos urgentes; “Oiga Dr, ¿por qué tan caro sacar el apéndice? El otro doctor me cobrara 2 mil pesos menos”. Nuestra culpa es no enseñarles responsabilidad a los pacientes, las primeras causas de muerte en nuestro país son prevenibles y aun así, vemos que se toman la metformina con coca, que se toman la pravastatina antes del menudo y el losartán se lo bajan con cerveza antes de botanear carnitas y lo único que hacemos es mofarnos de eso en las redes sociales. 

Pero sobre todo, es culpa del paciente, porque nos han enseñado que siempre hay un culpable y jamás somos nosotros.

Si la ciudad se inunda, es porque el gobierno no mantiene el drenaje limpio, no tiene nada que ver que yo tire basura a la calle, ya que hace mucho calor y el gobierno no ha plantado árboles nuevos, pero el árbol que tiraba muchas hojas afuera de mi casa, con una buena mordida al ayuntamiento, pude tumbarlo, no lo trasplanté y tampoco hice el trámite correspondiente.

Estoy gorda y la nutrióloga tiene la obligación de bajarme de peso,  no me quiere dar ninguna ayudadita con pastillas, a mí se me hace que no sabe, pero que rico estaba el pozole grande que cené ayer con mis 5 tostadas y mi coca en envase de vidrio, porque soy diabética y el gobierno tiene la obligación de darme la insulina, yo no la voy a comprar, ni tampoco voy a dejar mi pozole, yo ya estoy cumpliendo con ir a mi cita mensual con mi médico de seguro popular, y este muchachito no me baja el azúcar, es porque es un mozalbete y no sabe, pero no le dije que no he hecho dieta ni actividad física, y que tampoco me suministro la insulina como me la indicó, pero me hice un té que a mi comadre le ayudó y ya con eso me dejaron de doler los pies. 

Es culpa del paciente, porque todos somos pacientes en algún momento de nuestras vidas. Sabemos que el sistema público de salud es deficiente y no exigimos a nuestro gobierno que lo mejore, pero sí le exigimos que mantenga su promesa de pasar en las plazas públicas de manera gratuita el último capítulo de Dragon Ball.

Exigimos que el gobierno nos siga pagando nuestro apoyo de PROSPERA aunque no haya ido a mi cita semestral, porque fue la comida de mi comadre en otro pueblo y pues, tuve que ir. Pero el médico sabe que siempre voy, pero es un miserable porque no me quiso poner asistencia. Exigimos que bajen el precio de la coca y de los cigarros, pero mi centro de salud no tiene medicamentos y ese es problema del pasante que está ahí, más le vale que en un mes que vaya, ya tengan mis pastillas porque si no, el voy a poner la gritiza de su vida otra vez.

Porque nuestra soberbia médica siempre se atraviesa cuando estamos enfermos o peor aún, cuando un familiar está enfermo. Cambiamos los tratamientos, le decimos que su médico no sabe, cuestionamos la institución que lo formó y el hospital donde trabaja. 

A final de cuentas, la culpa de es de todos, y si las cosas no cambian, en un par de años iniciará el movimiento #YoSoy30, cuando alguno de nuestros conocidos caiga en prisión por no poder salvar la vida de un paciente.  


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